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![]() oOo Estos días recordaba algo que dice José Corredor-Matheos en el prólogo del primer libro de Francisco Ferrer Lerín, De las condiciones humanas, que fue por quien lo conocí, pues fue este poeta de los 70 quien me llevó a su despacho recién publicado mi primer libro, Hospital de Inocentes, que le di. Yo pedí este primer libro de Ferrer Lerín en la biblioteca de Filología y por esto lo conocía, quise leerlo para poder escribir un artículo sobre él. Como es obvio ya no se encontraba ni estaba a la venta y le dije al poeta que me gustaría tener un ejemplar de verdad, pues sólo tenía las fotocopias que hice -algo entonces permitido, hablo de hace muchos años- del que pedí en la biblioteca pero se ve, según me dijo, que sólo le quedaba uno, y además defectuoso. Sea como sea, yo recordaba que en ese prólogo José Corredor-Matheos escribe que en su conversación con el entonces muy joven poeta Francisco Ferrer Lerín le decía alguna convicción que tenía, y apuntaba, quizá entre paréntesis, que esto lo decía también para sí mismo, para reforzar estas convicciones suyas. Podría r a comprobar el exacto modo en que lo dice, pues aunque no sé dónde están aquellas lejanas fotocopias del primer libro del poeta -barcelonés como yo- éste se reprodujo en la reunión que se publicó de su poesía con el título Ciudad propia. Pero quizá no hace falta, y basta ya ese recuerdo en su misma nebulosa. Lo pensaba porque pienso que estas convicciones propias que uno tiene en torno a la poesía o algún tema de arte hay que en efecto que un poco sacudirlas, volver a ellas, contrastarlas, para ver si siguen siendo así o algo de ellas diferimos y las modificamos y matizamos. Lo pensaba estos días en torno a convicciones mías en torno a una generación de poetas como todos sabemos para mí muy querida, la del 27, y en volver por ello a leer a alguno de los poetas que sostienen éstas, para revivirlas y también para ver cómo quedan éstas tras su lectura. Por esto recordaba esta advertencia que se hacía a sí mismo José Corredor-Matheos en aquel prólogo a un primer libro. Y el otro día, el lunes, me lo encuentro en un acto en el Ateneo Barcelonés, y le digo que lo menciono en mi nuevo libro, La libertad de la poesía, en un breve texto en prosa en que sale junto a José María Balcells, al que el otro día vi y al darle el libro se lo indicaba. Y que salía junto a Pepe, pues me hablaba de él. Hojeo El Ciervo de verano y otoño y pienso en leer algunas cosas de estos números de la revista, entre ellas lo que nos dice José María Balcells de sus libros y lo que escribe José Corredor-Matheos del garabato. Una de estas convicciones respecto a los poetas del 27 es la importancia y el valor de su labor como ensayistas. A ésta volvía al leer el libro Literatura española siglo XX de Pedro Salinas y algo acompañar su lectura. Quizá no señalé algo que descuella en estas convicciones y en lo que me hizo pensar la lectura muy joven de la obra crítica de Cernuda, y es el carácter más original y personal de muchas apreciaciones que contienen con frecuencia estos ensayos. Algunas de las que hace Cernuda no sólo no las compartimos sino que a veces incluso un poco nos desagradan. Pero en la aportación original y personal que son las sentimos como un valor. Otra de estas convicciones se refiere a que el cultivo tan intenso del género de las memorias o autobiografías, y la calidad de las obras en que se concreta, hace que podamos consideras a éste como una rama o subgénero dentro de la producción de los poetas de la generación. Poetas altísimos, y en esa altura otra convicción, y es la de que valores poco conocidos o que se tienen por menores tienen también una gran calidad y un gran valor. A ese menor conocimiento puede contribuir el que sean obras breves y el mismo carácter singular de éstas -así Altolaguirre-, o el que sus autores abandonaran la poesía -Antonio Espina, Juan Larrea-. En 1987, a los sesenta años de la Generación, en la revista El Ciervo preguntaron algunas cuestiones a distintos poetas y críticos. Al dar en clase la generación empleaba estas respuestas, pues constituían una muy buena introducción a ella, precisamente por la variedad de éstas y de perspectivas y juicios que aportaban. Lo recordé en la conferencia que impartí en diversas entidades de cultura de Nicaragua, “Rubén Darío y la Generación del 27”, y que publicó su Academia. Lo digo porque esta convicción encuentra en alguna de estas respuestas ya un apunte. Hay quien dice este valor que tienen algunos de sus poetas menos conocidos. Ricardo Gullón, por ejemplo, lamenta no haber prestado la atención crítica que merecen los espléndidos libros del destierro de Juan José Domenchina, Está otra causa que contribuye al menor conocimiento de algunos de estos poetas, que hicieron lo mejor de éstas en el exilio -el caso de Domenchina- o prácticamente toda su obra se escribiera y diera a conocer en él (Juan Rejano). He vuelto a estos poetas y a estas convicciones mías respecto a su generación. Al ensayo al leer estos días el libro de Salinas y algo de él escribir, y releí y acompañé la lectura de las memorias de José Moreno Villa y de Altolaguirre. Durante el encierro pensé en leer cosas para mí muy queridas, y entre ellas estaban la obra de estos poetas, que encontré en sus libros y a veces en selecciones que había de ellos realizado y están en los cuadernos preparados para las clases. Juan Rejano tiene una obra que comparte evolución y rasgos con las de otras obras de la generación, y da un libro último como aparte, por completo aparte, que es La tarde, y al que quiero volver. Otro poeta al que volví en ese encierro y forma parte de esta esfera -digamos- de la generación es Pedro Garfias, con aquel libro que Dámaso Alonso dijo era el mejor que se había escrito en el exilio, Primavera en Eaton Hastings. Cabe enlazar con estos poetas a Francisco Giner de los Ríos y así en las clases que sobre la generación he impartido lo he hecho, pero a la vez sé, y lo he señalado, que es un caso distinto. He sentido y me ha salido decir que es un delfín del 27. Es una manera de decirlo, pero creo que responde a una verdad. Nace ya unos años después, es más joven, pero cabe quizá sentirlo, por su vinculación completa con la generación -vinculación que es poética pero también biográfica y moral- como su último y verdadero componente de ésta. He encontrado el precioso número de Litoral en que se puede acceder a su poesía, La rama viva y otros poemas. Me ha alegrado mucho encontrarlo. Porque lo leí y acompañé su lectura durante el encierro, pero creo que lo hice desde una de las selecciones que para las clases había preparado y no desde el libro. He mencionado a José Corredor-Matheos y a José María Balcells, unidos por su amistad y también en mi amistad hacia ellos. Para mí, Francisco Giner de los Ríos y su primer descubrimiento está unido a José María Balcells, pues aporté para el Pliego de Poesía que se dedicaba a Antonio Machado en El Ciervo uno de los poemas que José María incluía en su antología Poemas del destierro, publicada en la colección Selecciones de poesía española de Plaza y Janés que dirigía Enrique Badosa. Era la única noticia que tenía de su poesía, y los responsables de la revista no conocían el poema. José María me dijo después que Giner de los Ríos se lo dio expresamente para este libro. Curiosamente, aparece con unos últimos versos que suprimió en la edición de su poesía en Litoral. Le precede el poema “Tercetos del Sena”, del que en las notas previas que escribe a esta reunión poética en Litoral nos refiere ha tenido suerte y ha sido reproducido en las antologías. Está también en ésta que realiza José María Balcells. Voy a traer, antes de algo más decir, estos dos poemas que se encuentran en este libro, Poemas del destierro. Antología siglos XVI-XX, cuyo factor es José María Balcells, pues son como una primera noticia y tienen con ella para mí el valor que tiene un primer encuentro :
LOS TERCETOS DEL SENA
Desde mayo y París, la flor del Sena, me vuelvo a tu luz, España mía, y encuentro el corazón hondo en su pena,
pero alto de esperanza, en la porfía de alcanzar tu canción y tu ventura, camino entre el dolor y la alegría.
El Sena me acompaña, y la frescura que transmina el castaño -su ancho leño vuelve tierra la piedra en la verdura-
me lleva hacia la hora en que te sueño con más terca pasión, ya sin fatiga, pues van parejos siempre fe y empeño.
La primavera dulcemente hostiga toda la luz del mundo aquí encerrada. Muere la tarde sin que me persiga
otro afán que encontrarte, tierra amada. Con el río que canta tiernamente la redondez del agua aprisionada
mientras llega la noche blandamente, por tus agrios pinares y tu sierra paseo mi nostalgia enteramente, España de mi paz y de mi guerra.
COLLIURE, FEBRERO
Detrás del Canigou de azul y nieve me llamaban los cerros españoles y yo soñaba aviones en Toulouse o barcos por las costas de Levante que llevasen a tierras de Castilla. Pesaban la amargura y la derrota, las horas del Perthus y la frontera, pero aún no era destierro aquel destierro de Vernet con sus prados y pinares, sino tregua en la lucha no acabada. Y de repente una mañana supe -y su luz toda se nubló en los ojos- que en Colliure, frente al mar, en el silencio, se apagaba la sien de don Antonio y el corazón de España se callaba. Y con la pena se me entró en el alma la memoria del poeta y su poesía, la tierra entera que sintió su pecho “vendida toda de río a río, de monte a monte, de mar a mar”.
Y, tras estos dos poemas, ya la poesía reunida en Litoral. Que contiene algún texto o fragmento de texto que la presenta o se destaca. En unas bellas palabras autobiográficas, se destacan sus primeras líneas, que nos sitúan en ese año 1917 de su nacimiento, de letra de mayor tamaño, haciendo que este primer párrafo sea casi como una presentación o como un pórtico. Me agrada, y aquí lo traigo : “Nací en Madrid el 30 de diciembre de 1917. Tengo la edad de la última gran revolución del mundo y me creo nacido, si no bajo su signo mismo, sí con un definitivo signo revolucionario que atraviesa mi existencia entera y empuja mi destino”. En la contraportada, unas palabras de Juan Ramón Jiménez : “Con su ardor constante, cruce del fuego de los amores eternos, Francisco Giner de los Ríos (¡qué fortuna, Ausente eterno, jeneroso y libre, que lleve hoy tu nombre quien lo lleva !) me afirma y me asegura que en este feo campo jeneral del egoísmo, mentira, tráfico de una turba equivocada, sube libre, jeneroso y entero también, un poeta joven, cuya vida interior, hermoso clavel español en apretada ascua, estalla con lengua de poesía verdadera y amor verdadero, única redimidora posible de nuestra sorda vida”. Este mismo nombre ilustre es un alto honor pero de algún modo también una gran sombra, y me hace pensar que aunque primero tenía la intención de titular estas palabras simplemente con el nombre del poeta -Francisco Giner de los Ríos-, como últimamente con frecuencia hago, precisamente por esta circunstancia, y por escribirlas con el ánimo de llamar la atención sobre el valor de esta poesía, tendré que indicar que este nombre en esta ocasión es el del poeta, y poner por título así a mis palabras el de “El poeta Francisco Giner de los Ríos”. Tras esta primera noticia y primer encuentro con la poesía de Francisco Giner de los Ríos a través de los dos poemas que José María Balcells incluye en su antología, puedo acceder a ella gracias a la edición que realizan en Litoral. Así me sucede a mí y es de pensar que a muchos lectores. No se señalará nunca bastante el valor, el acierto y la aportación que supone la labor que han realizado en la revista Litoral. Conozco gracias a su edición la poesía de Francisco Giner de los Ríos, y dedican también justos números a otros dos poetas que he mencionado y quiero releer, Juan Rejano y Pedro Garfias. Este número dedicado a Francisco Giner de los Ríos se abre con una carta abierta de José María Amado en la que dice cosas fundamentales, como en algún otro testimonio afirma que en el exilio se realizó lo más alto de la intelectualidad española. Pero constituye un testimonio de tal valor, también en relación al de concordia, a la concordia que en su engarce con la labor y la poesía del exilio están llevando a cabo, que pienso que es justo y está bien traerá entera :
CARTA ABIERTA A FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS Querido Francisco : Es la segunda vez que utilizo esta fórmula de carta abierta -la primera en el número dedicado a León Felipe- para dialogar contigo en las páginas de este LITORAL resucitado en 1968, continuidad de aquella etapa mexicana de 1944, en que tú con Emilio y Manolo, con Juan Rejano y José Moreno Villa, hicisteis revivir en el exilio aquel arranque malagueño de 1926. Nuestra revista querido Francisco es historia de un mundo poético y cuna y principio de lo que después sería una generación trascendente en la Literatura Contemporánea : la mal llamada generación del 27 que bien podría denominarse Generación de Litoral, o como decía Bergamín, Generación de la República. La República del 31 fue el intento de un cambio, de un viraje en redondo sobre la España atrasada y alicorta y la dictadura que provocó su caída y la militarada que sirvió de arranque a la guerra civil, paró el reloj de la cultura por todos los caminos durante cuarenta años. Hoy vivimos en una Monarquía aplaudida desde todas las esquinas de los sectores republicanos y mal vista por todos los que se decían monárquicos y que sólo lo eran de aquella monarquía que para su llegada cuando él quisiera y fabricada a su imagen proyectó el Dictador y sus colaboradores. Aquella proyectada monarquía “saltándose a la torera” todos los cánones de la Historia ha sido conducida por este Rey a sus verdaderos caminos con la indignación y la antipatía de los que Bergamín llamó Alabarderos del franquismo. En fin de esto y otras cosas hemos hablado más de una vez en tu casa madrileña de la calle Santa Isabel, otras en el huerto de Nerja. Tu vida es tan clara, tan limpia, tan transparente desde aquella juventud primera, soldado alguna vez, poeta siempre, diplomático, protector de perseguidos, de México a Chile, a Puerto Rico, a Nueva York hasta tu vuelta a España. Y cuántos días de tertulia a tu lado, anécdotas de León Felipe, de Emilio, la noche última de Luis Cernuda… iban dejando sobre mis sentimientos ese tardío saber al que tanto me ayudó Jesús Ussía y cenas y almuerzos y días en Pueblo López en Fuengirola y en su ático de la Plaza de Oriente con Pepe Bergamín, o con Alberti, en su Via Garibaldi en Roma, dentro del Trastevere que parece un barrio madrileño. No, los que quedamos aquí en la España de la censura, de la ocultación de tanta verdad, del oscurantismo de tantos valores qué silenciados, llegaban tan tarde a nuestro sentimiento, a nuestra formación intelectual, hemos caminado como cojos, medio ciegos sobre nuestra visión de la literatura, faltos no ya de objetividad, del necesario conocimiento y de la importancia de estos españoles en la cultura universal. LITORAL te debía este número que hoy camina hacia tus manos. Sabes con cuánta insistencia he venido pidiendo que me ayudaras y ha sido necesario tu marcha de Madrid, y tu llegada a Nerja, para que Lorenzo y yo pudiéramos resolver un mucho contra tu voluntad sobre tu intimidad tus carpetas tus escritos adentrándonos en esa obra que ocultas con un extraño pudor. En ese año que se fue de 1986 de tantas y tan falsas conmemoraciones quería yo desde LITORAL con el apoyo de ese intelectual y oculto poeta que es Pedro Aparicio que Málaga te rindiera el homenaje que te mereces. Un homenaje a ti, lo era a su vez a muchos hechos perdidos en el recuerdo y parte en nuestra historia. Se han retrasado un poco las cosas, pero aquí está tu número entre muchas idas y venidas al huerto cercano a ese otro en que charlé un día por primera vez con Laura de los Ríos y Paco García Lorca. Idas y venidas a esta Nerja donde el nombre de Francisco Giner de los Ríos y el de María Luisa es ya una institución, antes se puede uno parar sobre el alma abierta de José Guerrero subiendo a Frigiliana o charlar desde su aire gentelman con Teixidor en tu calle Carabeo. Es un número hecho desde una alegre ilusión con Lorenzo y Jesús y en está el cariño de todos nosotros de Carmen, de María José… El Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga, Marbella, y cómo no Nerja han escuchado el sabor literario de tus conferencias, sobre Emilio, sobre Bergamín, Lorca… En este número está contigo cuanto fue parte de un idealismo, de una manera de pensar que si sufrió la amargura de la derrota militar nunca fue vencido. Ellos están a tu lado pero hay algo que no está patente en el número, que no llegará a sus lectores pero que sí te llegará a ti en el sentimiento, la autenticidad de mi afecto, un afecto que sé mutuo y que en esta ocasión vive sobre estas páginas un silencio emocionado. Con él te abrazo. José María Amado
En unas notas previas escribe Francisco Giner de los Ríos : “Esta antología de mi poesía publicada en México no es mía. Un poeta no puede escoger sus poemas con el rigor y el equilibrio que se supone -aunque los resultados no siempre lo confirmen- al antólogo. Además, siempre le cuelga a uno el amor por poemas sin duda desechables “literariamente”, pero que representan cosas muy hondas en su vida, es decir, en su poesía. Por ello, cuando los amigos de Litoral me pidieron estas páginas, preferí encomendar la tarea a alguien muy cercano a mí y que pasaba unos días en la casa. No es poeta que yo sepa, pero es buen escritor y además editor de poesía y ha sido siempre exigente desde su cercana y también lejana juventud con mi escritura. Se negó a elaborar la antología misma y se limitó -pero lo hizo con seriedad y leyendo a fondo mis libros- a formular en un índice lo que él llamó sólo proyecto. Y desde luego me pidió -cosa que lamento profundamente porque me ilusionaba mucho que compartiera conmigo la aventura- que su nombre no figurara al frente de su selección./ He respetado ésta -salvo en alguna cosa que luego explicaré-, porque -aunque se han caído en ella algunos de aquellos poemas siempre queridos que antes aludía- creo que la antología es valedera como tal y con su lectura he aprendido casi a podarme a mí mismo. Y además, y sobre todo, porque respeto el sentido crítico del antólogo sin nombre y me interesan los ojos de su generación, mucho más joven que la de mis años ya van siendo muchos, y sin duda más actuales en la visión de la poesía. Estimo que esta antología que no lleva mi firma responde -y ello me importa y lo acepto- a algo parecido a un saldo : esto es lo que vale para un escritor nacido en los cuarenta de la poesía de F. G. R. desde sus comienzos hasta 1966, fecha de mi último libro publicado en México./ He cambiado algunas cosas en el índice que formuló mi anónimo antólogo. Aun respetando el orden de Jornada Hecha (1953), que abarca mis libros publicados hasta entonces y que guió su trabajo, he incluido completas las dos primeras partes de mi libro inicial, pues decidía llamar a esta antología La rama viva y otros poemas”. Como éste es el título que da a esta reunión de su poesía en Litoral -La rama viva y otros poemas-, transcribo lo que nos recuerda decía en 1940 en La rama viva : “Muchos de estos poemas amorosos que hoy reúno bajo el título de La rama viva, fueron escritos antes de nuestra guerra, cuando el cielo pesaba menos sobre los hombros. Quiero dejarlos así, y así quiero darlos. Es dulce, junto a la luz primera y definitiva que es mi limpio destino de español, la tristeza alegre de volver a encontrar este “hondo y alto latir sin cuento”, tierno y angustiado, que no me abandonó nunca”. Me gusta mucho lo que dice de Jorge Guillén en la nota que lleva la letra d) de “Unas cuantas explicaciones (no sé si necesarias)”. Aquí la transcribo, más las líneas finales con las que Francisco Giner de los Ríos se nos presenta y se despide : “d) Las “Notas para una autobiografía” -que en un posible libro final se habrían querido llamar Fe de vida si el gran notario poético que es Jorge Guillén no se hubiera adelantado a apellidar así su definitivo y redondo Cántico- se anticipan, en la casi actual situación que guarda en mi trabajo ese proyecto, con sus poemas absolutamente inéditos. No sé si las “anécdotas” que le nacieron de inmediato a su ambicioso poema-prólogo crecerán algún día hasta esa vida completa que quiero contar y cantar desde entonces. e) Finalmente, el soneto a Juan Rejano, que no recuerdo cuándo escribí al recibir algunos de sus libros y que él ni siquiera conoce, se rescata de mis papeles guardados con un único deseo : hacer llegar al poeta cordobés de nuestra Málaga la fraternidad y el cariño invariables que le guarda su silencioso y siempre amigo FGR. Con este recuerdo para Juan Rejano se cierran estas noticias sobre los libros publicados en México. Y como soy ya -no sé por cuánto tiempo, aunque lo necesito para recuperar el que he perdido a lo largo de mi vida en otras empresas de que no me arrepiento- el último superviviente del Litoral mexicano, quiero terminar esta introducción tan deslavazada a la antología que el nuevo Litoral malagueño me publica, con una dedicatoria : “A José Moreno Villa, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre y Juan Rejano en su española tierra mexicana, desde la luz de Málaga que he besado en su nombre”. Asimismo deseo conservar en su cabeza -como estaba al frente de La rama viva- el prólogo que quiso darle Juan Ramón Jiménez. Nada de generación del 27 en la tradición. Creo ser el más joven poeta que en aquel 1940 recibió sus palabras inaugurales. Y más que vanidad -legítima quizá en todo poeta- me empuja a hacerlo una fidelidad que no todos han sabido guardar. Y ya que el antólogo no ha querido firmar su selección de mi poesía mexicana le dejo aquí agradecido el abrazo de su Francisco Giner de los Ríos”
Las palabras que he transcrito de Juan Ramón Jiménez y están en la contraportada de este número de Litoral son las del párrafo final a este prólogo al primer libro de Francisco Giner de los Ríos, que en su sentimiento de fidelidad a él es lo que reproduce en primer lugar tras estas palabras previas, y así lo vemos con la letra de las máquinas de escribir de entonces, y alguna letra nerviosa y ágil de Juan Ramón Jiménez. Quiero traerlo aquí :
“FRANCISCO GINER, ardoroso constante
PARA que la poesía de amor ame y perdure, tiene que ser muy verdadera, es decir, tiene que ser muy verdadero su amor y de un sentido muy hondo. La llamada poesía intelectual de amor o de amor intelectual es fatalmente fría, y como no puede ser frío el amor, ni es amorosa ni es poética Es sólo literatura y puede ser bella e insigne. Tampoco puede ser copia de otra la poesía de amor ni de dolor, como el amor y el dolor no pueden estar copiados de otros “Toda tu alma en agua aún me riega la sed y el río de tu cuerpo me corre por el cuerpo” En mi conferencia sobre la crisis del espíritu en la poesía española e hispanoamericana contemporáneas (que leí el año 37) señalaba yo el nombre de este Francisco Giner, entre otros, como ejemplo de una juventud que reaccionaba ya por fortuna contra tal estado literario intermedio, ampuloso o injenioso o barroco, retorno a nuestro teolójico XVII de oquedad, aparato y falsía, y mezclado con otro estado de incoherente impulso morboso. ¿Para qué más siglos de oro ni más años de basura ? No, siglos de aire, de tierra, de agua, de fuego elementales y sencillos son los que le hacen falta a nuestro desventurado planeta. La poesía en jeneral (y la de amor, sin duda) puede ser (es mejor que no lo sea) intrincada y difícil, no ampulosa ni magnificente. La magnificencia y la ampulosidad son propias de la forma, no de la idea. De todas las profundidades, yo prefiero la del sentimiento, el hallazgo emocional, aunque su expresión, que anhelo completa, sea, en el poeta nuevo, vacilante y fragmentaria, mérito propio de la desbordada juventud. Que la juventud no debe venir predilecta ni la madurez desbaratada. “La rama de tu muerte hace sombra en mi agua y tengo aún el deseo todo roto en los brazos”. Con su “ardor constante”, cruce del fuego de los amores eternos, Francisco Giner de los Ríos (¡qué fortuna, Ausente eterno, jeneroso y libre, que lleve hoy tu nombre quien lo lleva !) me afirma y asegura que en este feo campo jeneral de egoísmo, mentira, tráfico de una turba equivocada, sube libre, jeneroso y entero también, un poeta joven, cuya vida interior, hermoso clavel español en apretada ascua, estalla con lengua de poesía verdadera y de amor verdadero, única redimidora posible de nuestra sorda vida. “Yo iré por ti a los cielos con la estrella más alta y en el bosque seré más árbol que los árboles” Juan Ramón Jiménez”
Es espléndida además de necesarísima esta edición que lleva a cabo Litoral de la poesía de Francisco Giner de los Ríos. Todo el nutrido y valioso apartado final de testimonios y apreciaciones sobre el poeta y su labor la complementa de modo rico y acertado. He recordado siempre la observación que le hace Amado Alonso, por considerarla una completa verdad y que se ajusta muy bien, puede decírsela con estricta justicia a Francisco Giner de los Ríos de su poesía : “La sencillez suele ser una conquista de largo aprendizaje, pero usted ha nacido con ese raro don…”. Esta poesía se da a conocer para muchos aquí. Es una poesía aún, como su rama, viva. Y que requiere publicación y atención. El apartado 2 de su bibliografía es “Materiales inéditos y en preparación”. Leemos en la última referencia de los incluidos en Poesía : “Poesía completa (verso y prosa) (También en preparación y organización si hay tiempo, o para que la pode y arregle póstumamente quien quiera ocuparse de ello)”. Camino abierto, aún por andar. Recuerdo que me impresionó la muy nutrida relación bibliográfica que se incluía en Las islas invitadas, con las obras de Manuel Altolaguirre, variadas -artículos, ensayos, guiones cinematográficos, películas-, y cómo muchas estaban en archivo e inéditas. Y la poesía de Francisco Giner de los Ríos, que es el gran regalo de esta edición. Quiero volver a invitar a que se conozca y que se lea, a llamar la atención de nuevo sobre ella y su valor. Delfín del 27 he sentido y dicho al poeta Francisco Giner de los Ríos y al leer sus poemas sentimos y vemos que es verdad. Continúa en su misma estela a la poesía de la Generación, y en la ajustada y como muy natural manera en que esta continuación que en ella se da es por lo que sentimos que forma parte de ella, es también Generación del 27. En sus poemas están las cualidades que la Generación del 27 aportó -referí en aquella conferencia impartida en entidades de Nicaragua cómo las refería en aquella encuesta de El Ciervo el amigo de la revista en Madrid, y también amigo de mi poesía y mío, Juan Mollá-, pero alcanzan en ella como una mayor depuración. Poesía de ligereza espiritual, ligereza y delicadeza y finura, profundamente lírica, y en esa lírica alada, merece y debería estar, como quiso Oliveiro Girondo para sus Espantapájaros, al alcance de todos. Al alcance la pusieron los amigos de Litoral en su encomiable, valiosísima labor que han realizado, y yo tuve un primer encuentro con sus poemas gracias al ahora también amigo -mío y de mi poesía- José María Balcells. Francisco Giner de los Ríos termina casi sus notas refiriéndose a Notas para una autobiografía. Los poemas que se incluyen de este libro son los que cierran este número de Litoral con su poesía. En él está el poema de Machado y Colliure más abreviado, pues lo despojó de sus versos finales, y pienso que está bien que lo leamos otra vez y lo podamos conocer tal como lo dejó en su última intención. El final poema está dedicado a Juan Rejano, de quien quiero leer su espléndido libro final. Pienso que es una buena elección la de traer estos poemas que se incluyen de Notas para una autobiografía y cierran esta edición de la poesía de Francisco Giner de los Ríos en Litoral con el título La rama viva y otros poemas, y al traerlos acabar, sí, estas palabras que la acompañan, pero no como un cierre sino como una invitación a acercarse a esta poesía y sentirla, como la rama que la titula, viva :
MUERTE Y VIDA EN EL RÍO
Una noche, el agua del Potomac me llamaba cantando tercamente y me enseñaba entre su nervio frío el calor ya perdido de unos ojos. La invitación sin fin, la nieve dura que entre el agua marchaba río abajo, eran ya para mí lo inevitable, lo que se quiere ya sin aún saberlo. Y otros ojos -azules, sonrientes en medio de aquel miedo que tenían- me volvieron al prado entre la nieve, me sacaron del agua con dos manos que nunca olvidaré por su caricia. Un alcohol junto al fuego, allá en su cuarto, un común cigarrillo rubio y dulce, unas cuantas palabras, unas risas -mi mal inglés, su blusa, aquel pijama- y unos hombros blanquísimos, suaves, me llevaron del río hacia la vida otra vez, sin Potomac, por la noche.
CON LA MADRE DE JUAN
Fue allá en Valencia, por las torres de Cuarte, donde supe lo que pesa un silencio cuando un nudo nos cierra la garganta y todo está ya dicho sin decirlo. Un paquete de cartas y de fotos, dos camisas y un par de calcetines, una bufanda renegrida y roja, un dorado reloj y una navaja cobran de pronto una terrible vida cuando se dan a la madre del muerto.
COLLIURE, FEBRERO
Detrás del Canigou de azul y nieve me llamaban los cerros españoles y yo soñaba aviones en Toulouse o barcos por las costas de Levante que llevasen a tierras de Castilla. Pesaban la amargura y la derrota, las horas del Perthus y la frontera, pero aún no era destierro aquel destierro de Vernet con sus prados y pinares, sino tregua en la lucha no acabada. Y de repente una mañana supe -y su luz toda se nubló en los ojos- que en Colliure, frente al mar, en el silencio, se apagaba la sien de don Antonio y el corazón de España se callaba.
A JUAN REJANO
Hoy, “sin salir de mí”, por tu poesía, largo camino, Juan, he recorrido, y mi angustia y mi fe han florecido, hermana de la tuya mi agonía.
Por el dolor, mañana, la alegría y ese amor que la tierra ha mantenido con su lejano campo revivido en el hondón del alma cada día.
En tu íntima muralla se liberta y se desata sola la hermosura. Hoy del silencio salgo, roto el nudo que me ahogaba la voz. Y se despierta, en honda comunión con tu amargura, sobre tu verso el corazón desnudo.
Barcelona, 21 de mayo de 2025
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Commentaires :
Santiago Gracias por el envío de tu conceptuoso escrito. No había leído nada de Giner de los Ríos. Con frecuencia tu gran cultura me da nombres que desconozco. Pero me agradaron los escritos que citas. En especial el primer poema, el de los tercetos, porque expresa, en mi sentir, una sensación que siempre tengo con España. En efecto veo en ella algunos defectillos (muchísimos menos que los que veo en Argentina), pero por otra parte la amo tan apasionadamente que por momentos no me importan esas minucias. Nuevamente gracias, Raúl